Este próximo domingo 20 de septiembre, a las 13:00 horas, en la parroquia de San Pablo de La Luz, nuestra Unidad Pastoral vivirá una celebración especialmente alegre: cuatro jóvenes, de entre 13 y 14 años, recibirán el sacramento de la Confirmación, en una Eucaristía presidida por nuestro arzobispo, D. Jesús Sanz Montes.
Llegan hasta aquí después de varios años de catequesis tras su Primera Comunión. Han crecido, han cambiado, se han hecho preguntas y ahora llega el momento de dar un paso más. En la Confirmación recibirán de una manera especial la fuerza del Espíritu Santo para continuar un camino que, en realidad, no termina ese domingo. Empieza una nueva etapa.
Durante estos domingos de septiembre han intensificado su preparación y afrontan ahora esta última semana especialmente dedicada a ello. Están siendo días de catequesis, encuentro y preparación de la celebración, con el ensayo del viernes y, ya en la víspera, la celebración penitencial del sábado. Un último esfuerzo antes de recibir el sacramento, con tiempo también para detenerse, reconciliarse con Dios y llegar al domingo preparados para vivir plenamente lo que van a recibir.
«Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo y seréis mis testigos» (Hch 1,8).
Un cambio en los horarios de este domingo
Con motivo de las Confirmaciones, este domingo se intercambiarán los horarios habituales de las Eucaristías en nuestros dos templos parroquiales:
- Sagrado Corazón de Jesús (Villalegre): 12:00 h
- San Pablo (La Luz): 13:00 h – Confirmaciones
Los ritos propios del sacramento harán que la celebración en San Pablo tenga una duración mayor que la Eucaristía dominical habitual, de ahí este cambio puntual de horarios.
Demos gracias por ellos
Son cuatro. Y damos gracias a Dios por los cuatro.
No necesitamos detenernos en la cantidad. En unos años de la vida en los que resulta tan fácil abandonar la catequesis porque aparecen otros planes, actividades o prioridades, estos jóvenes han decidido continuar. Han llegado hasta la Confirmación y eso es motivo de alegría para toda nuestra comunidad.
Pero este domingo queremos acordarnos también de los que no están.
Oremos por todos los jóvenes de Villalegre y La Luz que todavía no han dado este paso; por quienes comenzaron la catequesis y la dejaron; por aquellos que tienen dudas; por los que quizá sienten que después de varios años alejados ya no tiene sentido regresar.
Las puertas siguen abiertas.
Quizá el testimonio de sus propios compañeros, y sobre todo el ejemplo que seamos capaces de darles los adultos de nuestra comunidad, pueda despertar algún día esa inquietud. Siempre se puede retomar el camino.
Una fe para llevar al mundo
Ser cristiano no es fácil. Basta levantar la mirada hacia la cruz para recordarlo: aquel a quien seguimos llegó hasta ella.
Pero precisamente por eso nuestra fe tiene hoy mucho que aportar. El mundo necesita nuestra sal, nuestra esperanza y nuestra luz. Necesita cristianos capaces de hacer presente, con sus decisiones y su manera de tratar a los demás, ese Reino que Dios quiere para nosotros.
Escuchamos muchas veces una pregunta difícil: «Si Dios existe, ¿por qué permite las guerras, el hambre, la injusticia o tanto sufrimiento?»
Y olvidamos algo esencial: Dios nos ha creado libres. Libres incluso para escogerle o rechazarle. Porque un amor impuesto dejaría de ser amor.
Esa misma libertad nos pone cada día ante una elección. Podemos contribuir al enfrentamiento o buscar la paz. Podemos mirar hacia otro lado o ayudar. Podemos pensar únicamente en nosotros mismos o descubrir al que tenemos al lado. La voluntad de Dios comienza a hacerse realidad precisamente cuando nosotros, libremente, decidimos vivir conforme a ella.
Eso es también lo que pediremos para nuestros jóvenes al recibir la fuerza del Espíritu Santo: que aprendan a escoger a Dios cada día.
Y su Confirmación puede servirnos de recordatorio a todos nosotros. Porque nuestra propia fe también necesita ser confirmada cada mañana.
Busquemos a Dios cuando lleguen las dificultades y las tristezas. Hagámosle también partícipe de nuestras alegrías. Preguntemos, dudemos, recemos, volvamos cuando nos hayamos alejado y dejemos que Él tenga un lugar verdadero en nuestra vida.
Este domingo acompañaremos especialmente a estos jóvenes que dan un paso importante en la suya. Recemos por ellos, por sus familias y padrinos, y por todos los jóvenes de nuestros barrios.
Que el Espíritu Santo les dé fuerza para comenzar esta nueva etapa y que también a nosotros nos despierte de nuevo.
Porque hoy, quizá más que nunca, el mundo necesita cristianos dispuestos a hacer espacio a Dios y a llevar su luz allí donde estén.






